
SOBRE EL HUMOR
Se me preguntaba alguna vez si el humor educa. Y yo respondí lo que creo saber: no, el humor divierte.
La diferencia consiste en que la educación, y me refiero a la educación esencial, no a la académica, está en manos única y exclusivamente de los padres. Desde luego que esa educación puede y debe tener muchos aspectos divertidos, pero la diversión no es la norma y mucho menos el único objetivo.
Pues sucede que esa educación esencial, tiene una obligación irrenunciable y sagrada: la formación de seres humanos inteligentes, sensibles y cumplir esa obligación nunca ha sido tarea fácil.
Eso hace que muchas veces esa educación sea austera, a veces dura, a veces cruel y no en el sentido de sadismo, sino de rigor, pero, en cualquier caso, nunca tiránica o estúpida. Y para ello, el amor siempre ha de estar ahí, guiando a los padres en el tránsito por esa difícil pero hermosa jungla.
No obstante, y curiosamente, el humor si tiene un efecto maravilloso sobre las personas decentes, vale decir, pulcramente educadas: perfecciona con exquisita diversión, la educación ya recibida.
PDTA. Desde luego, si el humorista es decente; y si es ñero, las personas decentes sabrán como envolverlo en su ternura, para que su mala educación no haga tanto daño. Je.

